Creo que ya lo dije en un post anterior, pero vivir en el extranjero te da una perspectiva diferente acerca de las cosas que suceden en tu país de origen. Ya hace unos días, al leer las crónicas de la gala de los premios Goya, un dato común en todas ellas me llevó a empezar a escribir un post y hoy unas declaraciones de Fernando Trueba me han animado a terminarlo. El dato común se llama "complejo de inferioridad", y rápidamente han pasado por mi mente un montón de ejemplos de este, digamos, fenómeno de alteración de la realidad típico de nuestro país.
¿Por qué complejo de inferioridad? A ver, reconozco que una alfombra roja con publicidad de lotería no destila precisamente glamour, pero vamos, la gente que la pisó iba muy guapa en general, el teatro Real es un escenario maravilloso y digno de la magnitud del evento y la verdad es que, siendo objetivos, la de los Goya no tiene nada que envidiar a otras galas de entrega de premios de cine europeas. Pero ¿qué hace la prensa nacional? ¿Cuál es su reflexión final? "No son los Oscar".
¡Por supuesto que no son los Oscar! Y probablemente la gala de los Goya no tiene ni una décima parte del presupuesto de la de los Oscar, ni las películas que concursan a los Goya poseen la centésima parte del presupuesto de muchas de las películas que optan a los Oscar. Los Goya son los Goya y como tal habría que juzgarlos. Las comparaciones son odiosas y en este caso, además, son innecesarias.
Pero como ha dicho el mismísimo Fernando Trueba hoy en La Vanguardia, "los españoles siempre tiramos pedradas a lo que hacemos" (http://bit.ly/gwbxAh).
Totalmente de acuerdo: una actitud típicamente nuestra es proclamar que los demás siempre lo hacen mejor que uno, y si resulta que es cierto y realmente lo hacen mejor, entonces criticarles ferozmente: que si es un enchufao, que si se acuesta con tal, que si tuviera yo la pasta que él tiene también me haría emprendedor… Parece que es más fácil tirar por tierra los méritos ajenos que aprender de ellos. El mundo del cine y del deporte está lleno de ejemplos: sin ir más lejos, parece que la gente está más preocupada en saber el nombre del hijo de Javier Bardem y Penélope Cruz que en ver la película mexicana por la que un intérprete de habla hispana ha sido nominado para el Oscar al mejor actor. (Por cierto, a quien pueda interesar, medios americanos dijeron que el bebé se llama Leo antes de que lo soltase Santiago Segura. Ahí queda eso).
Bardem ha recibido palabras de elogio pero también críticas feroces que ningunean vilmente el derecho al respeto profesional que se ha ganado a fuerza de trabajar. ¿A quién le importa si el tío en su vida privada es A, B, X o Z? ¿Acaso quien le acusa de arrogante le conoce personalmente? Lo único que conocemos la mayoría es su trabajo, y si debemos juzgarle es por eso. Y lo mismo puede aplicarse a gente de otros campos profesionales, como por ejemplo el deporte o la ciencia. ¡Si es que parece que nos joda que les vaya bien!
Pero volvamos al complejo de inferioridad. De acuerdo: la economía no está para tirar cohetes, tenemos una cifra espantosa de paro y no parece que la cosa se vaya a arreglar a corto plazo, pero es que si no nos movemos seguro que no se arregla, y no podemos esperar permanentemente a que "desde arriba" nos solucionen la vida. Pero a pesar de eso, nos sobran razones para el optimismo y para llevar la cabeza bien alta. Si no se os ocurre ninguna, aquí os suelto una cuantas:
Los mapas genéticos tan populares hoy no serían posibles sin las investigaciones de Severo Ochoa, asturiano, ni por supuesto el estudio del genoma humano. Somos el sexto país en número de galardonados (empatados con Italia y Suecia) con el Nobel de Literatura. Tenemos el mejor equipo del fútbol del mundo, el mejor cocinero del mundo (Ferran Adrià según The New York Times, que sabe mucho de estas cosas), una gastronomia que te mueres y unos vinos para acompañarla mundialmente reconocidos.
En fin, ¡que cada uno encuentre sus razones! Que una se levanta optimista todos los días pero a estas horas de la noche las fuerzas flaquean. Dulces sueños a todos.
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sábado, 26 de febrero de 2011
Complejo nacional
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martes, 18 de enero de 2011
Derechos de autor (o trabajar por amor al arte)
Todos trabajamos para ganarnos la vida. Todos dependemos de un sueldo para vivir. Nadie trabaja por amor al arte, o por lo menos no exclusivamente por ese motivo.
Los escritores no tienen sueldo, la mayoría ni siquiera viven de ello. Tampoco los cantantes, ni los poetas, ni los actores, ni los guionistas. Ni la mayoría de tantos otros trabajos de los llamados "creativos": pintores, escultores, artistas gráficos, videoartistas, etc. El "sueldo" de cualquiera de ellos, mejor dicho, el sueldo de los más afortunados, es un fijo por obra terminada y vendida y un variable: los ingresos por derechos de autor.
Igual que un comercial, vamos. O igual que cualquiera que trabaje por objetivos. Una parte fija (que no mensual) y una parte variable. Nada de nóminas ni pagas extra en julio ni en Navidad.
¿Alguien sabe lo que cobra un autor novel por una novela, suponiendo que ésta llegue a publicarse? Entre 1.300 y 3.000 euros. Brutos, por supuesto. A eso hay que descontar el porcentaje que se queda el agente literario (que se merece su sueldo porque ahorra muchos sinsabores al escritor) y los impuestos. Esto sería el fijo.
¿Y alguien tiene una ligera idea de cuánto se tarda en escribir una novela? Pues como mínimo, dos años. Y eso, una novela de unas 250 páginas. Cuanto más tarde en escribirla, menos rentable le sale al autor. La única esperanza de rentabilidad –si la editorial quiere promocionar al autor por el motivo que sea o si el boca-oreja funciona a las mil maravillas y la novela se vende como rosquillas– es cobrar los derechos de autor. El variable.
Por supuesto los autores consagrados cobran mucho más, pero ¿acaso no se lo han ganado? Igual que no todos los futbolistas son Leo Messi ni todos cobran lo que Cristiano Ronaldo, hay escritores, pintores, escultores, artistas gráficos, actores que pueden vivir de ello y otros que no. Y con esto no quiero quitar mérito al trabajo de nadie porque cada uno se intenta ganar la vida como buenamente puede o quiere.
Y escribir, como pintar, como esculpir, como actuar, en un país en el que la cultura está subestimada, no es más que una manera de ganarse la vida. Porque no sólo se escribe, pinta, esculpe o actúa por amor al arte.
Los escritores no tienen sueldo, la mayoría ni siquiera viven de ello. Tampoco los cantantes, ni los poetas, ni los actores, ni los guionistas. Ni la mayoría de tantos otros trabajos de los llamados "creativos": pintores, escultores, artistas gráficos, videoartistas, etc. El "sueldo" de cualquiera de ellos, mejor dicho, el sueldo de los más afortunados, es un fijo por obra terminada y vendida y un variable: los ingresos por derechos de autor.
Igual que un comercial, vamos. O igual que cualquiera que trabaje por objetivos. Una parte fija (que no mensual) y una parte variable. Nada de nóminas ni pagas extra en julio ni en Navidad.
¿Alguien sabe lo que cobra un autor novel por una novela, suponiendo que ésta llegue a publicarse? Entre 1.300 y 3.000 euros. Brutos, por supuesto. A eso hay que descontar el porcentaje que se queda el agente literario (que se merece su sueldo porque ahorra muchos sinsabores al escritor) y los impuestos. Esto sería el fijo.
¿Y alguien tiene una ligera idea de cuánto se tarda en escribir una novela? Pues como mínimo, dos años. Y eso, una novela de unas 250 páginas. Cuanto más tarde en escribirla, menos rentable le sale al autor. La única esperanza de rentabilidad –si la editorial quiere promocionar al autor por el motivo que sea o si el boca-oreja funciona a las mil maravillas y la novela se vende como rosquillas– es cobrar los derechos de autor. El variable.
Por supuesto los autores consagrados cobran mucho más, pero ¿acaso no se lo han ganado? Igual que no todos los futbolistas son Leo Messi ni todos cobran lo que Cristiano Ronaldo, hay escritores, pintores, escultores, artistas gráficos, actores que pueden vivir de ello y otros que no. Y con esto no quiero quitar mérito al trabajo de nadie porque cada uno se intenta ganar la vida como buenamente puede o quiere.
Y escribir, como pintar, como esculpir, como actuar, en un país en el que la cultura está subestimada, no es más que una manera de ganarse la vida. Porque no sólo se escribe, pinta, esculpe o actúa por amor al arte.
viernes, 14 de enero de 2011
Más sobre e-books
Más sobre e-books
Con la lluvia de tabletas que se avecina, alguien debería dejar claro que el ebook no debería limitarse a ser una "versión digital del libro en soporte papel".
Las posibilidades de un libro electrónico son casi infinitas: links, vídeos, ampliación de información online, interactividad, etc. Creo que ni siquiera somos capaces de imaginar lo que se puede llegar a hacer o lo que está por llegar. ¿Imagináis leer un libro pasando las páginas como Tom Cruise pasaba pantallas en aquella infame película titulada "Minority Report"?
¿Será por puro desconocimiento o por falta de imaginación que los editores españoles están rechazando (o mejor dicho, retrasando) la llegada de lo inevitable, en lugar de pensar en cómo navegar en aguas inexploradas?
No sé si me explico pero pongo un ejemplo: la versión digital de una novela en soporte papel puede ser mucho más completa y atractiva que ésta, del mismo modo que a los DVD se les añade el "making of" y muchos otros extras para venderlos tras el estreno de la peli en cines. (Obviamente también se pueden crear novelas exclusivamente para soporte digital, aunque seguro que al decir esto no estoy descubriendo nada nuevo).
Claro que la lluvia de tabletas es sólo el principio. Sigo confiando en la aparición de un superdispositivo multifuncional con cargador universal (o que se cargue con algo así como los biorritmos) que aligere el peso de mi bolso. Y con un software que se actualice a través de algo parecido a una iTunes Store en lugar de tener que pagar una fortuna cada vez que Adobe decide sacar una nueva Creative Suite. Y con usabilidad óptima y universal, así no habría que pelearse con el manual de instrucciones cuando cambiamos de marca de aparato.
Pero todo esto, aparte de ser ciencia ficción, daría para muchos otros posts.
Con la lluvia de tabletas que se avecina, alguien debería dejar claro que el ebook no debería limitarse a ser una "versión digital del libro en soporte papel".
Las posibilidades de un libro electrónico son casi infinitas: links, vídeos, ampliación de información online, interactividad, etc. Creo que ni siquiera somos capaces de imaginar lo que se puede llegar a hacer o lo que está por llegar. ¿Imagináis leer un libro pasando las páginas como Tom Cruise pasaba pantallas en aquella infame película titulada "Minority Report"?
¿Será por puro desconocimiento o por falta de imaginación que los editores españoles están rechazando (o mejor dicho, retrasando) la llegada de lo inevitable, en lugar de pensar en cómo navegar en aguas inexploradas?
No sé si me explico pero pongo un ejemplo: la versión digital de una novela en soporte papel puede ser mucho más completa y atractiva que ésta, del mismo modo que a los DVD se les añade el "making of" y muchos otros extras para venderlos tras el estreno de la peli en cines. (Obviamente también se pueden crear novelas exclusivamente para soporte digital, aunque seguro que al decir esto no estoy descubriendo nada nuevo).
Claro que la lluvia de tabletas es sólo el principio. Sigo confiando en la aparición de un superdispositivo multifuncional con cargador universal (o que se cargue con algo así como los biorritmos) que aligere el peso de mi bolso. Y con un software que se actualice a través de algo parecido a una iTunes Store en lugar de tener que pagar una fortuna cada vez que Adobe decide sacar una nueva Creative Suite. Y con usabilidad óptima y universal, así no habría que pelearse con el manual de instrucciones cuando cambiamos de marca de aparato.
Pero todo esto, aparte de ser ciencia ficción, daría para muchos otros posts.
jueves, 6 de enero de 2011
Bienvenido Mr Ebook (¿traerá el equilibrio al abarrotado mundo editorial?)
¿Todas las películas que se filman acaban en una pantalla de cine? No, muchas van directamente al circuito de vídeo.
¿Todas las canciones que se componen terminan en un álbum? No, las hay que terminan exclusivamente en internet o como jingles de anuncios.
Entonces, ¿por qué todos los libros tienen que imprimirse? ¿No sería mejor que algunos se queden en libros electrónicos y sólo los que realmente merecen la pena se impriman y estén a su vez, por supuesto, disponibles en versión digital?
¿Acaso los amantes de la música han dejado de comprar CDs desde que existe la Red? No, compran los álbumes que realmente merecen la pena y el resto se los descargan de iTunes -porque en mi mundo ideal la gente paga, aunque sea una cantidad simbólica, por disfrutar de los frutos del trabajo de otros.
Personalmente no voy a dejar de comprar libros, pero algunos los tendré en soporte electrónico y en soporte papel y otros sólo en su versión digital.
Llamadme romántic@, pero me gusta tener libros en las estanterías de mi casa y adoro las bibliotecas.
¿Todas las canciones que se componen terminan en un álbum? No, las hay que terminan exclusivamente en internet o como jingles de anuncios.
Entonces, ¿por qué todos los libros tienen que imprimirse? ¿No sería mejor que algunos se queden en libros electrónicos y sólo los que realmente merecen la pena se impriman y estén a su vez, por supuesto, disponibles en versión digital?
¿Acaso los amantes de la música han dejado de comprar CDs desde que existe la Red? No, compran los álbumes que realmente merecen la pena y el resto se los descargan de iTunes -porque en mi mundo ideal la gente paga, aunque sea una cantidad simbólica, por disfrutar de los frutos del trabajo de otros.
Personalmente no voy a dejar de comprar libros, pero algunos los tendré en soporte electrónico y en soporte papel y otros sólo en su versión digital.
Llamadme romántic@, pero me gusta tener libros en las estanterías de mi casa y adoro las bibliotecas.
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